La extorsión cuádruple combina cuatro tácticas de presión coordinadas: cifrar sistemas críticos, robar y filtrar datos confidenciales, lanzar o insinuar ataques DDoS y ponerse en contacto directamente con clientes, partners u organismos reguladores para aumentar el daño a la reputación. Estas capas de extorsión maximizan la ventaja de los atacantes y aumentan la probabilidad de pago.