El principal reto es el crecimiento rápido y a menudo incontrolado de las API, que normalmente se crean teniendo en cuenta la velocidad, no la seguridad. La superficie de ataque actual está llena de API que se han desarrollado a toda prisa, no se han probado adecuadamente y se han publicado con vulnerabilidades, como errores de configuración y de código, lo que las convierte en objetivos de ataque populares.